Descubre la misión de Anaïs Berck desde la perspectiva de un tilo en un pequeño pueblo de Francia.
Misión
Soy un viejo tilo, más viejo que la iglesia románica que se alza a mi derecha, más viejo que el edificio del banco ING que se encuentra a mi izquierda. A veces pienso que se me permitió vivir tantos siglos porque tengo un mensaje para quienes se preocupan por el estado del clima y del planeta.
En un hermoso día de primavera, cuando mis flores desprenden un perfume delicioso, atraigo no solo a insectos, sino también a humanxs, aunque apenas se dan cuenta. Por ejemplo, dos viajerxs en tránsito llegaron a esta plaza. Tenían unas horas para descansar entre dos viajes en tren. Tomaban café en un ambiente agradable en la terraza de enfrente. El hombre, comerciante de diamantes de profesión, miraba fijamente el banco y se preguntaba por qué solo había una sucursal en una plaza tan grande. Inmediatamente me gané a la mujer, que era escritora. Admiraba mi enorme copa. También sabía que yo era un tilo y recordaba las bellas estatuas de la Virgen María y otras esculturas que lxs humanxs hacen con la suave madera de tilo.
Lxs dos se habían conocido por casualidad en el tren. El hombre no podía creer que a la mujer le interesara tan poco el dinero. La mujer no podía creer que el hombre nunca hubiera conocido a un anticapitalista. Buscó argumentos para convencerla de que estaba equivocada. El dinero era lo más importante en su vida. Su mirada se posó en la construcción románica.
«Mira», dijo, satisfecho con su hallazgo. «La iglesia lleva más tiempo en esta plaza que el banco ING. Hubo un tiempo en que la iglesia era lo más importante en la vida de una persona. La institución servía para que la gente fuese modesta y dócil. El anhelo de la vida eterna en el cielo ha sido sustituido por el deseo de acumular la mayor cantidad de dinero posible. ¿Lo entiendes?».
La mujer asintió. En su interior, estaba pidiendo ayuda. Sopló una ráfaga de viento. Aproveché la oportunidad para transmitir mi mensaje con el aroma de mis flores. Es evidente que a la mujer le gustó. Me preguntaba si también estaría abierta a mis ideas.
Una sonrisa radiante apareció en sus labios.
«¿Ves ese enorme tilo viejo que hay al lado de la iglesia?», le preguntó al hombre.
‘Yes, certainly,’ he answered, rationally and still «Sí, por supuesto»,respondió él, racionalmente y aún convencido de su postura.
«Ese tilo lleva más tiempo en esta plaza que la iglesia y el banco. Solía ser el punto de encuentro de lxs aldeanxs, y lxs árboles eran lo más importante en sus vidas. Lxs árboles proporcionaban madera, medicinas, alimento, consejos, calor, sombra y amistad. Los bosques eran como catedrales. Algún día, la humanidad comprenderá que no se puede comprar un planeta nuevo con todo el dinero que hemos acumulado. Con lxs árboles se puede lograr mucho. Son nuestrxs aliadxs en la supervivencia de nuestra especie. Estamos evolucionando hacia un mundo en el que todxs volverán a centrarse en lxs árboles, en los bosques y la biodiversidad».
Ella había comprendido perfectamente mi mensaje. Ella misma se sorprendió de las palabras que pronunció. El hombre permaneció en silencio y asintió con preocupación.